¿Para qué sirve la Historia? una breve aproximación

A veces me ha pasado que, durante mi formación como historiador, he sido el punto de crítica de mis cercanos al preguntarme “¿para qué estudias Historia y no algo más útil? o, en todo caso,  ¿de qué sirve la Historia?”. Mi respuesta siempre fue que mi curiosidad -y los videojuegos de temática histórica- me llevó a estudiar esta hermosa carrera; no obstante, siempre evitaba responder acerca del “rol” o la “utilidad” de la Historia. Y no, no era porque no la supiera, sino porque no me llegaba a convencer del todo el argumento que varios historiadores han dado -con sus distintas variantes- en distintas ocasiones: la Historia nos sirve para comprender el devenir de los hombres y de sus acciones a lo largo del tiempo. Mantenía esta posición hasta hace poco, cuando un artículo me hizo derramar lágrimas porque al fin podía comprender esa “utilidad” de la Historia que tanto esquivaba cuando me hacían aquella pregunta. Este post es, básicamente, una síntesis del artículo de Penelope J. Corfield.

En un mundo cada vez más globalizado, que avanza tan rápido y sin descanso, los hombres -especialmente los más jóvenes- se sienten cada vez más desorientados, pues no reconocen sus ‘raíces’ ni las preguntas básicas acerca de quiénes son y por qué están en este mundo aquí y ahora. Antes, un individuo era uno más de su comunidad, pero tenía comunidad y sabía quiénes eran y qué significaba su comunidad. En estos días, un individuo es lanzado al mundo y no sabe ni quién es ni qué hace en este mundo, menos aún quiénes son los demás que le rodean y, peor aún, cómo afecta su vida -y sus elecciones- a los demás.

Tomemos un caso reciente: el año pasado (2016), ocurrieron varios acontecimientos que muchos tildarían de sorprendentes porque no se esperaban que ocurrieran. Concretamente, me referiré específicamente al Brexit y a la victoria de Donald Trump. Cuando pensamos en los casos antes señalados, pensamos que la gente que votó por salir de la UE o por Trump son “idiotas” que “no saben lo que hacen” y que sólo reaccionar “por la emoción del momento”. Esta “explicación” podría servir -a lo mucho- para unos cuantos casos aislados, pero no podría decirse que es la regla general. Y eso porque cada caso tiene una historia que se remonta hacia atrás en el tiempo, con raíces históricas de siglos atrás como de detonantes en las últimas décadas. No se puede entender, por ejemplo, que el Brexit haya sido tan popular si no se tomase en cuenta que la Isla (UK) nunca se sintió parte de Europa, como tampoco se puede entender el ascenso de Donald Trump sin las consecuencias de las políticas del Partido Demócrata en la población descontenta que votó por el Partido Republicano en noviembre pasado.

Lo que quiero expresar aquí es que la Historia nos sirve para entender el por qué de la mayoría -si no todas- de las acciones humanas. Ello es posible porque quienes nos interesamos por la Historia -ya sea de manera amateur o profesional- y no sólo memorizamos datos, tenemos una mayor sensibilidad a la hora de ver los procesos en su larga duración. En ese sentido, nos permite entrar a un análisis más profundo de la situación en su contexto histórico, apreciar los cambios ocurridos en el tiempo y entender por qué se ha llegado a la situación actual. Como señala la profesora Corfield: “el momento presente es siempre parte de una larga duración mayor, que necesita ser entendida. Y viceversa: la larga duración, el pasado, siempre contribuye al momento inmediato”.

No sólo la Historia nos permite entender nuestro lugar en el mundo; también lo hacen otras instituciones como la familia, los amigos, la Nación, la Religión, etc. Cada una de esas instituciones nos van a dar pistas acerca de quiénes somos y qué debemos creer y hacer en este mundo. Y está bien, porque transmiten las experiencias del pasado a las nuevas generaciones. Sin embargo, estas instituciones pueden dar una visión incorrecta del pasado, basándose en experiencias personales, leyendas populares, mitos, posiciones políticas y demás. Sin una correcta enseñanza de la Historia, basada en el contraste entre las afirmaciones populares y los ‘hechos fácticos’, podemos quedarnos en la famosa caverna de Platón, reproduciendo sin pensamiento crítico aquello que nos cuentan y que, no necesariamente, es correctamente histórico, permitiendo la manipulación de la historia y, quizás más importante aún en América Latina, de la memoria.

 

Por si desean leer el texto íntegro en inglés:

http://www.history.ac.uk/makinghistory/resources/articles/why_history_matters.html

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