La Unión Ibérica y la Primera Mundialización

Hoy en día, la globalización penetra en todos los aspectos de la sociedad, y creemos que es gracias a la inmediatez de internet y a los viajes cortos a través de los aviones que ‘recién’ el mundo puede estar -por fin- en contacto permanente e interconectado. Noticias sobre conflictos a lo largo del mundo nos llegan a través de la TV o por internet sin que pase un día desde aquel suceso. No obstante, ¿es realmente reciente la globalización? Quizás se intuya que no es así, y que todo el mundo en algún momento anterior a internet tuvo que estar, de alguna manera, interconectado globalmente, ¿pero cuándo? En este post nos dedicaremos un poco a desentrañar este misterio.

Sabemos que varias grandes civilizaciones se desarrollaron cerca a los mares y rios, ya que estos proporcionaban -además de alimento- canales de comunicación con el mundo exterior. Así, las civilizaciones mediterráneas (griegos, egipcios, romanos) utilizaron el Mar Mediterráneo como espacio de intercambio, tanto de productos económicos como de conocimientos. De esta manera, de algún modo este mar representó un espacio que reunía a los distintos pueblos a su alrededor con una identidad común. No por nada los romanos buscaron conquistar todos los bordes de aquel Mare Nostrum.  No es sorpresa, además, que las conquistas griegas realizadas por Alejandro Magno, y las rutas de la expansión mongola hayan formado un camino que conectaba Europa con el Asia, hasta llegar a China: la famosa ruta de la seda. No obstante, y a pesar de la infinidad de relaciones e intercambios culturales y comerciales ocurridos entre esas dos rutas, estas se limitaban a lo que se llamaría el Viejo Mundo, que abarcaba 3 continentes: Asia, África y Europa.

La Ruta de la Seda

La Ruta de la Seda

Con el descubrimiento del Nuevo Mundo y los constantes viajes que se dieron alrededor del globo a lo largo del siglo XVI, ya no era imposible conectar un extremo del mundo con otro. Claro está que esta ventaja la tenían principalmente las monarquías ibéricas (España y Portugal), manteniéndose las otras potencias europeas expectantes de su rol en los territorios de ultramar. Con el Tratado de Tordesillas, firmado en 1494, en teoría se delimitaba la repartición del Mundo entre ambas monarquías: la línea divisoria se establecería a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde hacia el este, hasta 297.5 leguas al este de las Islas Molucas. Básicamente, con esto, España se quedaría con casi la totalidad de América y algunas islas en el Asia, incluída las Filipinas, mientras que Portugal se quedaba con casi la totalidad de África y Asia.

Lo interesante de este asunto es que, entre 1580 y 1640, tanto Portugal como España estuvieron gobernados por un mismo monarca. Esto es lo que se conoce como la Unión Ibérica. Con este suceso, si bien no se borraron las líneas divisorias entre lo que le pertenecía a Portugal y a los reinos de España (hay que recordar que no se “fusionaban” los reinos, sino que cada uno conservaba su autonomía, sólo que respondiendo al mismo Monarca), se facilitaron las movilizaciones a lo largo y ancho del mundo. Ello en medio de una constante exploración y colonización de los territorios de ultramar, tanto en América como en las Indias. Así, junto a este proceso político, también ocurren fenómenos sociales y culturales que van a interconectar por primera “las cuatro partes del Mundo”.

Las Cuatro Partes del Mundo, atribuido a Juan Correa.

Las Cuatro Partes del Mundo, atribuido a Juan Correa.

Pero, ¿en qué consistió realmente esto? Entre los 60 años que ambas coronas estuvieron vinculadas al mismo soberano, tanto personas como ideas circularon alrededor del mundo. Procesos políticos como la Batalla de Lepanto fueron conocidos tanto en América como en el Japón; personas perseguidas pudieron escaparse y lograr rehacer su vida en otro continente; familias que tenían parientes y negocios a lo largo del mundo; traductores que establecían diversas relaciones con gobernantes de la India, Japón y la China; mercancías que viajaban desde el Asia hacia Europa a través del Océano Pacífico; sacerdotes que buscaban comprender las diferentes creencias y conocer las historias de los distintos pueblos recién contactados; movilizaciones de contingentes de personas de un lado a otro del mundo en busca de mejores oportunidades o siendo llevados como esclavos; etc. En fin, la lista es larga, pero que nos interpela y nos hace reflexionar acerca de las conexiones globales que existe desde hace varios siglos atrás entre los pueblos de diversas partes del mundo, y que no sólo se ven en los mapas y en los papeles, sino también en el día a día, cuando observamos la diversidad étnica y cultural que nos rodea, siendo todos parte de este mundo que desde hace tiempo ya estaba, de alguna manera, interconectado.

Biombo del Palacio de los Virreyes de México

Biombo del Palacio de los Virreyes de México

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