[MEGAPOST] George Orwell y la propaganda anti-comunista en los inicios de la Guerra Fría (1945-1956)

El IRD y la propaganda anti-comunista británica en los inicios de la Guerra Fría

En los meses anteriores al término de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la frágil alianza entre Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética parecìa que llegaba a su fin. La imagen de la URSS, antes aliado necesario en el frente oriental para combatir a los nazis, se volvìa cada vez más negativa debido a su interés en posicionar su influencia en los países de Europa del Este, volviéndose en una posible amenaza al orden democrático-liberal capitalista que ansiaban las otras potencias aliadas. Al término de la misma, las tensiones sobre el futuro de una Europa dividida y amenazada por la “marea roja” llevaron a Estados Unidos y Gran  Bretaña a tomar una posición anti-comunista durante los primeros años de la Guerra Fría (1945-1956).

A pesar que ambos países coincidian en que debía hacerse una campaña anti-comunista en Europa y el resto del mundo frente a la expansión del comunismo, diferían en el modo en que debían hacerlo. Mientras Estados Unidos prefería una estrategia ofensiva, directa, basada en la “guerra psicológica”, Gran Bretaña prefería tomar una actitud defensiva, indirecta, sin inmiscuirse directamente como responsables oficiales. Aquella diferencia tuvo su respuesta: de la poca información que permitía pasar la Unión Soviética a los países de Europa del Este que ellos controlaban, se censuraron las noticias norteamericanas por ser consideradas subversivas, mientras que se permitió la continuidad de transmisión de noticias de la BBC y otros medios informativos británicos (Deery 2016).

El motivo por el cual las noticias y documentos británicos fueron permitidas se debió, en gran parte, a las estrategias de ‘propaganda gris’ manejadas por el Information Research Department (IRD). Esta ‘propaganda gris’ se basaba principalmente en la publicidad y publicación de documentos, obras, testimonios y opiniones de personas adversas a las políticas comunistas, pero sin ser responsables directos ni oficiales, sino pareciendo ser de terceros, sin incluir términos que podrían ser considerados ofensivos o subversivos  por la Unión Soviética, mediante el uso de lenguaje político  correcto. En ese sentido, la ayuda económica para el traslado de  disidentes soviético al Reino Unido, facilidades para publicación y difusión de sus obras/documentos/testimonios a  lo  largo  del mundo, y financiación de grupos encubiertos en el área comunista -como el POSSEV- fueron parte de sus actividades que realizaron en este rubro (Deery 2016 y Schwartz 2009).

De criticar al Gran Hermano a colaborar con él: Orwell y la IRD

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Entre estas personas captadas por el IRD se encontraba George Orwell, ensayista independiente de izquierda, famoso por dos obras (Animal Farm y Nineteen Eighty-Four) que lo catapultaron hacia el éxito y que, debido a su prematura muerte, adoptó  el status de ‘leyenda’. Precisamente, su primera obra  cumbre, Animal Farm (1945), se publicó luego de varios años de lucha del autor contra las editoriales para su publicación, debido a lo que se dijo anteriormente: era vital el mantenimiento de buenas relaciones entre Gran Bretaña y la Unión Soviética, y la publicación de esta obra afectaría gravemente ello. No obstante, cuando se publicó, el IRD vio en este escritor un potencial ‘cold warrior’ que pudiera servir como el propagandista idóneo para combatir la publicidad pro-soviética del Kominform. Existieron tres razones para ello: 1) era un reputado intelectual de izquierda; 2) era independiente y crítico frente a los izquierdistas dogmáticos que abrazaban el estalinismo; 3) sus obras tenían un lenguaje claro, directo y poderoso, que podía ser leído por un gran sector de la población; 4)  su prematura muerte permitió evitar contradicciones entre la visión del autor y la versión que manejaron los publicistas de su obra (Shaw 2006: 145-146).

El acercamiento del IRD a Orwell se manifestó en una visita de Celia Kirwan en marzo de 1949, quien le pidió que colaborase con dicha institución. Si bien Orwell rechazó dicha oferta debido a sus problemas de salud, sí dió su apoyo mediante otras formas, tales como: una lista de escritores y periodistas que él creía  aceptarían trabajar en este proyecto, así como las facilidades para la cesión de los derechos de traducción y publicación de sus obras (Nineteen Eighty-Four la había acabado hace poco) cumbre al departamento. Cabe hacernos la pregunta ¿por qué  Orwell, habiendo criticado los intentos de manipulación de la información, decidió apoyar al IRD, institución encargada precisamente de ello? El  motivo,  según Deery, sería que Orwell temía la infiltración del comunismo estalinista en toda Europa, modelo al cual detestaba y  tildaba de totalitarista, y no comunista, modelo que él había considerado como una ‘traición a la revolución’ en Animal Farm; en otras palabras, en tanto el IRD tuviera como  objetivo el “derrumbar el mito soviético”, el apoyaría dicha causa, pues -en sus propias palabras- “nada ha contribuido más en la corrupción de la idea original de Socialismo como la creencia de que Rusia es un país socialista” (citado en Deery  1997:224).

La crítica de Orwell al totalitarismo  se manifiesta en sus muchos ensayos y obras, que no se limitan sólo a las dos mencionadas anteriormente. A lo largo de su bibliografía, se puede apreciar su fuerte crítica a los otros intelectuales izquierdistas, quienes abogaban por la adopción del modelo estalinista en el Reino Unido como única vía para el progreso del país, que eliminaría la desigualdad existente. La visión de Orwell del comunismo estalinista era básicamente que era una misma sociedad jerárquica, que había dado la espalda a los trabajadores y que no respetaba los principios de la revolución, puesto que la acumulación del poder en la figura de Stalin había acabado con la verdadera revolución, tanto en Rusia como en los países donde su versión del comunismo había intervenido, como ocurrió en España. En efecto, la experiencia de Orwell en la Guerra Civil Española, en la cual él fue testigo de cómo los estalinistas asesinaban a los otros republicanos contrarios a su visión, afectó en su posterior pesimismo y escepticismo  frente a dicho proyecto. Es más, su crítica más aguda era para con aquellos intelectuales que, en su intento de instaurar el modelo estalinista, no buscarían más que acumular poder y prestigio, manteniendo la jerarquización en tanto ellos se mantuviesen como la elite  gobernante, y no dejando que ocurriese una verdadera ‘dictadura del proletariado’, que él sí apoyaba (Conquest 2007 y White  2008)

De los libros a la pantalla grande: uso -y abuso- de la obra de Orwell en el cine

animalfarm_cover_2d_300dpiLa difusión de la obra de Orwell fue inmediata y, gracias al apoyo de diversas entidades públicas y privadas de Estados Unidos y Reino Unido, logró catapultarse como un  must read de fines de los ‘40s y los ‘50s, siendo adaptada  también a otros medios fuera del escrito, como la radio, la televisión y el cine; incluso, en Estados Unidos, su lectura fue obligatoria para los alumnos de 13-15 años. Esta amplia difusión permitió que su obra fuese conocida en todo el mundo y, gracias a su muerte prematura, se volvió un ícono, el ‘cold warrior’ por excelencia que pudo, pero nunca fue.

El cine fue la epítome de la publicidad de su  obra. Las versiones cinematográficas de sus dos obras cumbre, Animal Farm (1954) y Nineteen Eighty-Four (1956), tuvieron un gran apoyo financiero del IRD, la BBC,  MGM, Hollywood, etc. Todos estas entidades, con una agenda personal cada uno, terminaron, no obstante, dificultando la transmisión de la propaganda que se quería mostrar a través de las películas. Ello pudo verse en las reacciones de los espectadores pero, más aún, en los cambios importantes que se hicieron en la película con respecto a su versión original escrita. Según Shaw (2006) y Leab (2006), las complicaciones durante el periodo de producción y entre los directores y financistas hicieron de una obra con un 1984_affichem
ensaje dirigido, una amalgama de distintos temas, llegando a confundir a la audiencia; no obstante, la versión cinematográfica de
Nineteen Eighty-Four, fue vista como “el filme anti-comunista  más devastador  de todos los tiempos”  (en Shaw 2006: 162). Asimismo, las  expectativas financieras no terminaron por dar la recaudación esperada, a pesar de la buena recaudación que consiguieron:  a pesar de todos los esfuerzos, Orwell  no triunfó en la pantalla grande.

Paradójicamente, este ‘fracaso’ evitó que su obra fuese manipulada al extremo de cambiar los mensajes originales que él había propuesto para sus obras. Mientras él veía Animal Farm como  la propaganda para la “destrucción del mito soviético”, su versión cinematográfica buscaba incitar a la rebelión contra los nuevos líderes, que se puede apreciar en la entrada de los animales a  la estancia principal  donde los líderes “indistinguibles de los humanos” se veían acorralados por la población. Nineteen Eighty-Four era, según la visión de Orwell, la advertencia pesimista sobre el peligro del totalitarismo tanto en regímenes ‘democrático-liberales’ como comunistas; no obstante, en su versión cinematográfica, el objetivo de los directores era el remarcar que, pese a lo pesimista de este futuro, se debía tener fe en que el hombre no perdería su humanidad, y que habría un rayo de esperanza frente a los intentos totalitaristas por deshumanizarlo (Crick 2007, Dickstein 2007 y Leab 2006).

A partir de lo señalado en las páginas anteriores, se puede observar la manipulación y difusión de la obra de Orwell por el Information Research Department (IRD) y otras entidades norteamericanas y británicas, y sus efectos en la formación de una conciencia de la Guerra Fría desde los inicios de la misma a partir de obras literarias con trasfondo político. Es curioso resaltar que el lenguaje y las ideas que Orwell desarrolló en sus obras haya servido para popularizar todo un “vocabulario de la Guerra Fría”, principalmente en la población que vivía en el ‘bloque capitalista’ y donde hubo una fuerte recepción de su obra. Así, los primeros años de este nuevo periodo iniciaron con una fuerte inversión de ambas potencias por publicidad positivamente su sistema político, y dentro de ese nuevo posicionamiento, el uso -y quizás abuso, por los resultados mixtos de sus adaptaciones cinematográficas- de la obra de Orwell como propaganda anti-comunista queda como uno de los mejores ejemplos de esta creativa forma de hacer propaganda política durante estos años iniciales.

 

Bibliografía

 

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2007 “Orwell, Socialism and the Cold War” en RODDEN, John (Ed.) The Cambridge Companion to George Orwell. Cambridge: Cambridge University Press.

CRICK, Bernard

2007 “Nineteen Eighty-Four: context and controversy” en RODDEN, John (Ed.) The Cambridge Companion to George Orwell. Cambridge: Cambridge University Press.

DICKSTEIN, Morris

2007 Animal Farm: history as a fable” en RODDEN, John (Ed.) The Cambridge Companion to George Orwell. Cambridge: Cambridge University Press.

DEERY, Phillip

1997 “Confronting the Cominform: George Orwell and the Cold War Offensive of the Information Research Department, 1948-50” en Labour History, No. 73. pp. 219-225.

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2009 Political Warfare against the Kremlin. US and British Propaganda Policy at the Beginning of the Cold War. New York: Palgrave Macmillan.

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2008 “George Orwell, Socialism and Utopia” en Utopian Studies, Vol. 19, No. 1. pp. 73-95.

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