Editorial: Verónika Mendoza: ¿un cero a la izquierda o a la derecha?

NOTA: El presente artículo de opinión responde a apreciaciones personales de su autor y no a la línea editorial de la página

A vísperas de un nuevo proceso electoral en el Perú, las encuestadoras y los electores han sido sacudidos al ser retirados dos importantes candidatos a la presidencia, los cuales representaban más del 20% de las intenciones de votos. Frente a este proceso, tres han sido los candidatos que han tenido un empujón en las cifras que les dan las encuestadoras. Entre ellos destaca una joven candidata que dirige una coalición de diversos movimientos de izquierda en el Frente Amplio por Justicia, Vida y Libertad (FA), Verónika Mendoza. Pero ¿qué significa realmente esta alza en la intención de voto para el partido? ¿qué significa el FA como agrupación política en este proceso electoral? y, quizás lo más importante ¿representa la opción del FA un cero “a la derecha” o “a la izquierda”?

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Empecemos por dar un bosquejo de la situación electoral. En las encuestas publicadas hasta mediados de febrero del presente año, sólo existía una agrupación política importante con un porcentaje significativo, Fuerza Popular (FP), liderado por Keiko Fujimori, hija del ex-presidente Alberto Fujimori, con más del 30% de intención de voto. Muy atrás se encontraban otros partidos como Peruanos por el Kambio (PPK), de Pedro Pablo Kuczynski, Alianza para el Progreso,  de César Acuña, Todos por el Perú (TPP), de Julio Guzmán, y la Alianza Popular, del ex-presidente Alan García. Hasta ese momento, las encuestadoras daban un bajo porcentaje a los candidatos del Frente Amplio (4%) y de Acción Popular (4%). Sin embargo, con la exclusión de Todos por el Perú y Alianza para el Progreso, buena parte del voto que acompañaba a estas dos agrupaciones fueron redirigidos en su mayoría a tres potenciales candidatos. Ellos son, Kuczynski, quien ascendió de 9 a 14%, Barnechea, quien ascendió de 4 a 9%, y Mendoza, quien también ascendió la misma cantidad. A menos de un mes de las elecciones, es más que seguro que habrá una segunda vuelta electoral entre Keiko Fujimori y alguno de estos tres candidatos. La duda es ¿quién puede reunir la suficiente intención de voto para garantizar una victoria frente al fujimorismo?

¿Qué significa el incremento en la intención de votos al Frente Amplio?

Como se dijo anteriormente, hasta la mitad de febrero el Frente Amplio (FA) no despegaba de un tímido 3%, lo cual no le iba a dar oportunidad de tener una representación en el Congreso. No obstante, con la salida del candidato de Todos por el Perú (TPP), buena parte de los votos, en su mayoría de jóvenes que van a votar por primera vez (30% aprox.), pasaron a las filas del FA debido, entre otras razones, a la imagen novedosa y comprometida que proyecta su candidata. No obstante, sorprende que un candidato como Barnechea, ya de avanzada edad, logre captar asimismo un buen porcentaje de los votos de los simpatizantes de TPP. Podemos decir entonces que, frente a la amenaza de un retorno al fujimorismo, los jóvenes entusiastas buscan a un candidato comprometido y serio que proyecte una visión del Perú como Nación. Ello es lo que ha permitido a los tres candidatos cambiar su voto hacia nuevas opciones luego de la exclusión de Guzmán. Sin embargo, no hay que ser ingenuos: así como el voto cambió en pocos días, así podrían dejar algunos electores a sus ahora candidatos en este ambiente de “votos tránsfugas” que se vive en estos días. En otras palabras, no habría de sorprendernos que aquellos electores volátiles que ahora mismo apuestan por un candidato terminen abandonándolo en pos de la “opción ganadora” que presentan las encuestadoras. Por ahora, las tres candidaturas reflejan las tres opciones que los electores creen servirá para derrotar al fujimorismo una vez más, pero que no terminan de comprometerse completamente a ellos.

¿Qué significa y representa el Frente Amplio como agrupación política en este proceso electoral?

Con respecto a este punto, debo decir que la apreciación se reduce a mi convivencia con gente de izquierda y la visión que tengo desde afuera de ella, pues no me enmarco dentro de dicha tendencia. Hay cosas que me gustan y disgustan de la campaña del Frente Amplio. Por un lado, entre las cosas que destaco y celebro son su intento por ser un “Partido serio”, que elige a sus representantes a la Presidencia y al Congreso a través de elecciones abiertas en un ambiente en que existen Partidos Políticos de un solo hombre, donde reina el amiguismo y los candidatos incluso le ponen sus propias siglas al Partido. Celebro, asimismo, que -al menos hasta ahora- la coalición que conforma el FA no haya tenido divisiones marcadas, como se recuerda y se estereotipa a los grupos de izquierda. Por último, la imagen que proyecta el Partido con respecto a la idea, el compromiso, la financiación y su visión particular del “Nuevo Perú” da aires de renovación a un sector de la población que vivía y pensaba bajo los esquemas de viejos líderes que se enquistaban en el poder.

No obstante, hay algunos puntos que me desmotivan a votar por ellos, al margen de no compartir las ideas, o quizás justamente debido a ello. En primer lugar, y quizás el punto más resaltante, sería una crítica -o una duda ingenua- a su plan económico. En vistas de que muy posiblemente un tercio (33%) del Congreso sea representación de Fuerza Popular, las ideas económicas del FA son “un poco extremistas” para otras agrupaciones, por lo que sería complicado obtener apoyo para llevar a cabo las reformas estructurales que propone Mendoza, a menos que forme alianzas con otras agrupaciones ya sentado en el Congreso. Ello debió aprenderlo ya la candidata en su experiencia congresal -muy aparte de la “traición” que sintió al desaparecer cualquier intención de lograr “La Gran Transformación”-: sin alianzas y yendo de manera soberbia, es complicado lograr un buen consenso en materias de carácter estructural. En ese sentido, me parece que su plan económico cojea al ser un plan que requiere un mismo cambio estructural completo para darse pues, como ella mismo dijo, no se puede aumentar el sueldo mínimo sin antes cambiar el sistema para hacerlo viable. Y eso me da miedo. Me da miedo que, en pos de un boicot o similar, se acepten algunas propuestas de reformas, mas no todas, llevando a cojear  el plan económico y -quizás- dejando al país en una situación vulnerable económicamente. De todas maneras, con el sueldo que se manejan los congresistas, bien pueden seguir viviendo cual otorongo a expensas de los ciudadanos.

Y de ello esgrimo una critica más personal y de carácter vivencial: la gente de izquierda puede llegar a ser muy cerrada a veces, creerse dueños de la Verdad absoluta y -en contradicción con su discurso de pluralidad de pensamiento- descalifican a quienes no comparten totalmente sus opiniones. Quizás ello sea erróneo, pero en el ambiente que conozco, muchos compañeros actúan a veces de ese modo. Y ello puede llevar a malentendidos. Yo puedo estar de acuerdo con la idea general, pero cuestionar algunos puntos, y sin embargo ser atacado sólo por eso: por criticar de manera constructiva un punto. Todo grado de intolerancia es malo, y ellos han vivido en este país con el estigma de ser “terrucos”, “incitadores a la violencia”, “antiprogreso”, entre otros terribles adjetivos. Y quizás hayan interiorizado mucho su posición frente al desfavorecido en contra del “mal patrón”, del “mal sistema”, pero quizás a veces cruzan la línea. Y descalificar y cerrarse sin repensar sus ideas claramente -cosa que la derecha tampoco hace, o hace menos, dada su posición “dominante”- puede llevar a que, por orgullo y pasión, más que por raciocinio y sabiduría, se lleguen a tomar medidas que hagan mal al país y ahonden las brechas que prometieron conciliar.

¿Son Verónika Mendoza y el Frente Amplio un cero “a la derecha” o “a la izquierda”?

Por más que suene gracioso y ambivalente la pregunta, dado que “ir a la derecha” en el lenguaje coloquial suma, e “ir a la izquierda” resta, la opción del Frente Amplio representa, a pesar de todas las críticas que se le pueden hacer, una idea seria y renovadora, podríamos hasta llamarlo “reconstructora” de la política nacional. Y ello porque, si supera la valla electoral, se mantendrá vigente y podrá seguir participando -esperemos- como un grupo cada vez más sólido, unificado y con una idea más clara de ese Nuevo Perú que tanto buscan transformar. Ello, como dije antes, en un ambiente volátil, hostil y escéptico que es el electorado peruano, el cual -quizás- no esté preparado aún para entender muchas de las ideas que propone esta agrupación como solución a los problemas del país, en especial en cuanto a políticas sociales, siendo los temas de género y aborto los que más polarizan a una población “dizque” laica, pero conservadora en el fondo.


Verónika Mendoza no es mi candidata, pero me encantaría poder verla en el 2021 con un grupo más sólido luchando en el ámbito de las ideas con otros partidos serios y realmente democráticos, pues vivir de caudillos ya lo hemos hecho desde inicios de la República, y los resultados no han sido como se esperaban.

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