Lolita: incesto y pedofilia, por Vladimir Nabokov

“Oh, Lolita, tú eres mi niña, así como Virginia fue la de Poe y Beatriz la de Dante.”

Después de encontrar algunas referencias sobre Lolita, “libro erótico” moralmente incorrecto -la pedofilia está penada en la gran mayoría de países en la actualidad teniendo como excepciones  a algunos países de medio oriente-, decidí aventurarme. Un libro con este tema de gran controversia viene acompañado con expectativas altas, pero ¿las cumple en su totalidad?

Portada de Lolita, de la editorial Grijalbo (1975)

Para responder esta pregunta empezaré con un breve resumen de la novela:

Empieza con un supuesto prólogo escrito por un Doctor en Filosofía, el cuál nos cuenta el destino que tuvieron nuestros personajes -los cuales se presumen reales-, y nos advierte lo que leeremos: Lolita no es más que las confesiones de un viudo de raza blanca, las que fueron escritas con el único propósito de redimir en alma de un criminal.

Pero, ¡con qué magia su violín armonioso conjura en nosotros una ternura, una compasión hacia Lolita que nos entrega a la fascinación del libro, al propio tiempo que abominamos de su autor!

JOHN RAY JR., Doctor en Filosofía, Widworth, Mass. (Prólogo, personaje ficticio)

En un monólogo, H.H nos cuenta cómo empezó su obsesión por las “nínfulas”:

En realidad, querría que el lector considerara los «nueve» y los «catorce» como los límites –playas espejeantes, rocas rosadas– de una isla encantada, habitada por esas nínfulas mías y rodeada por un mar vasto y brumoso. Entre esos límites temporales, ¿son nínfulas todas las niñas? No, desde luego. De lo contrario, quienes supiéramos el secreto, nosotros, los viajeros solitarios, los ninfulómanos, habríamos enloquecido hace mucho tiempo.

H.H asegura que todo empezó con su compañera de juegos en su niñez: Annabel, una nínfula que murió siendo ambos niños y a la cual él nunca pudo poseer. El nombre de la chica es una clara referencia al poema de Edgar Allan Poe, Annabel Lee

Más adelante, H.H decide casarse con la madre de Lolita para poder tener acceso a ella. Luego de la muerte de la madre, él queda con la custodia de la niña. Es en este momento, en el que ve todas sus oportunidades con ella, que se la lleva de hotel en hotel en un viaje sin rumbo por EE.UU.  Pero no nos engañemos: Lolita no era del todo inocente…

¿Es Lolita un libro pornográfico? Para nada. Por eso me he sorprendido al verlo en varias “listas de libros eróticos”. Si bien es cierto que tiene pequeños fragmentos afrodisíacos en los cuales H.H no puede contenerse en describir con una prosa perfecta sus sentimientos carnales hacia ella, estos solo forman parte de algunas pocas páginas que no conforman la mayoría. Y no consta tampoco ninguna escena en la que se narra a H.H teniendo relaciones sexuales con la niña.

Los temas que trata son claros: la obsesión de un maniático por su nínfula, Lolita, en su descenso a la locura. Mientras H.H relata su historia, nos encontramos también con una sociedad en la que las madres ven a sus hijas como rivales, en donde solo importan las apariencias, una fuerte crítica a la sociedad norteamericana de la época.

Lo que sí queda claro es que el autor no buscaba dictar clases de moralidad, sino que su propósito fue, como él lo afirma, “la belleza estética de su arte”. ¿Lo logró? Por supuesto. Sus líneas son exquisitas, aunque lamentablemente algunos juegos de palabra no pueden traducirse con éxito al español, por lo que es recomendable leer el libro en su idioma original, el inglés.

Vladimir Nabokov logró que no condenemos a un pedófilo; es más, terminamos sintiendo lástima por él y preguntándonos quién sedujo a quién. ¿Amo realmente H.H a Lolita? ¿O acaso era solo un pederasta muy enfermo pero con una muy buena prosa? Para un moralista este campo difuso puede resultar aterrador.

Respondiendo a la primera pregunta ¿cumple Lolita con las expectativas? Sí, y con creces; no obstante, esto no aplica si buscas un libro meramente pornográfico. Recomendado.

 

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Sue Lyon como Lolita, en la versión que dirigiera el reconocido Stanley Kubrick en 1962

CONSIDERACIONES: Narrado en primera persona tipo monólogo, un hombre arrepentido de su crimen narra el por qué de sus acciones para alcanzar su negada redención mientras va analizando la sociedad y la humanidad que los rodean. No puedo dejar de pensar en las similitudes que tiene con El túnel, de Ernesto Sabato.

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