¿Por qué los mesoamericanos sacrificaban humanos?

Usualmente, en las películas que tratan temas relacionados a civilizaciones prehispánicas, solemos ver escenas de importantes sacrificios rituales humanos sumamente organizados, los cuales culminan en un mar de sangre y otros actos que, a ojos occidentales contemporáneos, consideraríamos bárbaros e inhumanos. Sin embargo, no podemos tildar sencillamente aquellos actos de esa manera, sino intentar entender la razón que subyace en aquellas ceremonias, tanto para comprender sus costumbres y creencias, así como para mirarnos al espejo y analizar que tan distinto somos en la actualidad.

Para entender la razón por la que los mesoamericanos tenían esta costumbre de sacrificar humanos regularmente en honor a sus dioses se tiene que recordar que, en todas las civilizaciones agrarias, la visión del tiempo era circular: es decir, que el tiempo tenía un ciclo que se repite siguiendo el orden de los astros. En el caso de los nativos del México prehispánico, sus dioses representaban -al igual que muchas otras religiones agrarias- elementos naturales que permitían, entre otras cosas, una buena cosecha; así, dioses como Tláloc y Quetzalcoatl representarían el agua y la fertilidad, respectivamente. Sin embargo, un rasgo esencial de las civilizaciones mesoamericanas era la creencia de que, posiblemente, al no entregar ciertos sacrificios específicos para cada uno de sus dioses, podrían estos no mantenerse con vida y, en consecuencia, cortar el movimiento. El miedo a que un día el sol no saliera generaba temor en la población, por lo que los sacrificios tenían que darse, pues en caso contrario ello significaría el fin del mundo al detenerse este de manera indefinida.

Representación de Quetzalcoatl, dios principal de los aztecas, relacionado con el Sol y la fertilidad

Representación de Tláloc, dios asociado a las lluvias y al agua.

Si los sacrificios tenían que darse, ¿cómo sobrevivía una sociedad que daba vidas humanas a sus dioses tan regularmente? Tanto los mayas como los aztecas, como civilizaciones importantes y principales durante sus años de apogeo, tenían una cultura de Guerra florida, la cual consistía básicamente en una guerra ritual cuyo objetivo era la “recolección” de personas a ser sacrificadas. Si bien algunos sacrificados eran prisioneros de guerra, muchos sacrificados aceptaban voluntariamente participar en aquella ceremonia en pos de darle a su comunidad un status importante, y aún más si es que esa persona pertenecía a la nobleza del pueblo local. Al contrario de lo que se cree, estos sacrificados no vivían una situación penosa antes de su ejecución, sino que podían incluso recibir los mayores agasajos por parte del Templo central los días previos al acto.

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¿Por qué, entonces, existían sacrificios distintos, involucrando algunos a varias personas y otros sólo a una, e incluso siendo distinto el tipo de ejecución? Como se señaló arriba, cada dios pedía un sacrificio particular, y ello debido a que tenía que tener una relación especial el sacrificio con la actividad que desempeñaba tal dios para la actividad por la que rogaban. En el caso de la ceremonia del brote y maduración de la mazorca, por ejemplo, el sacrificio de la doncella que representaba a Toci era seguido por el desuello de su piel, con la cual el sacerdote se cubría, para luego acercarse a la imagen del dios Huitzilopochtli para “cohabitar” con él. Esta representación creaba una identidad relacionada con la actividad generadora, con la vida. Así, seguida a la muerte de la doncella sacrificada, proseguía el acto de la vida. Aquella fuerza que, recordando el ciclo de la vida, permitía también el rejuvenecimiento de la energía de los dioses, para que no murieran y pudiesen seguir viviendo y moviendo el mundo.

Es esta lógica causal, la del miedo al detenimiento del movimiento, la que llevaba a los mesoamericanos a la conclusión de que sólo mediante el derramamiento de sangre y los sacrificios humanos, serían capaces de dar energía a los dioses y esperar que, con ello, estos pudiesen seguir moviendo el mundo y permitiendo que el sol aparezca otro día más, pues de lo contrario, el mundo llegaría a su “fin”. Quizás esta lógica nos parezca extraña, pero a medida que las civilizaciones racionalizaron más su conocimiento y las explicaciones que pudieron dar a los fenómenos naturales es que, tras siglos de experimentos, han podido llegar a dar con explicaciones cada vez más exactas de la realidad, no sólo en el ámbito natural, sino también social y psíquico.

 

Fuente:

IBARRA GARCÍA, Laura

2001  “Los sacrificios humanos. Una explicación desde la teoría histórico-genética” en Estudios de la cultura Nahuatl, Vol. 32. pp. 341-358.

http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/nahuatl/pdf/ecn32/640.pdf

 

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