Cuando andar con el hombre equivocado puede dejarte sin cabeza…literalmente

A vísperas del día de San Valentín conviene recordar una famosa frase: “No hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”. ¿Y por qué? Porque hay mujeres que, por quitarle el novio a otra, llegan a vivir experiencias no tan agradables como la que contaremos a continuación:

Remontémonos a la Inglaterra del siglo XVI, con Enrique VIII al mando. Este tenía a su esposa, Catalina de Aragón, hija menor de los Reyes Católicos, quien le había dado una heredera mujer, la que sería conocida como María Tudor (futura esposa de Felipe II). Sin embargo, y dada la necesidad de buscar un heredero varón, nuestro fogoso protagonista se esforzó mucho por lograr que su esposa tuviera un hijo hombre…cosa que no sucedió.

Ante este problema, y queriendo evitar otra guerra civil (como ocurrió anteriormente con la Guerra de las Rosas), solicitó al Papa la anulación de su matrimonio. No obstante,  ante la negativa de este, Enrique VIII decidió hacer lo mismo que Bender -de Futurama- haría:

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En efecto, decidió crear su propia Iglesia en 1534, la Iglesia Anglicana (que pervive hasta hoy), en Inglaterra, expropiando de paso las propiedades de la Iglesia católica. Algunos dicen que este fue uno de los motivos más materiales que impulsaron esta ruptura, siendo la solicitud del divorcio una mera excusa formal. Sea lo que fuere, bajo las leyes de su nueva Iglesia, nuestro controvertido rey logró el tan ansiado divorcio para irse ni más ni menos que…

Con Ana Bolena!

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Esta mujer resultó ser parte de la Corte real y, por tanto, cercana al rey y la reina. Y no solo ella, sino también su hermana, María Bolena, quien fue amante del rey. Se cuenta que el rey quedó encantado por esta chica y la buscaba desesperadamente ofreciéndole su amor. Aún a pesar de rechazarlo, este siguió tras de ella y, luego de tanto insistir, ella aceptó, pero con una condición: no se acostaría con él antes del matrimonio, el cual se celebró en 1533.

Lo anecdótico de esta historia es la suerte que corrió para nuestra cortesana pleyeba que cautivó al mismísimo rey de Inglaterra: al no darle otro hijo varón -y después de tener varios abortos que, según recientes investigaciones, fueron culpa de los genes de Enrique VIII-, decidió divorciarse de su segunda esposa por otra mujer…la cual, curiosamente, fue sirvienta de sus dos anteriores esposas (Catalina y Ana): Jane Seymour. Sin embargo, para salirse del enredo de otro divorcio, Bolena fue acusada de adulterio, incesto y traición, es decir, de tener relaciones fuera del matrimonio con diversos hombres.

El final, podemos deducir, no pudo ser peor: fue condenada a muerte y decapitada en público. Al final, el único beneficiado fue nuestro caliente protagonista, quien logró por fin tener a un heredero varón con su tercera esposa: el jóven rey Eduardo VI. La pobre Jane, lastimosamente, moriría a los días de tener a su hijo.

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